Sepúlveda. Vén y descúbrela

Sepúlveda. Vén y descúbrela
Floración primaveral




Sepúlveda. Vén y descúbrela
Hoces del Duratón





Sepúlveda. Vén y descúbrela
Alimoche





Sepúlveda. Vén y descúbrela
Hoces del Duratón





Sepúlveda. Vén y descúbrela
Pinturas rupestres





Sepúlveda. Vén y descúbrela
Cueva de los Siete Altares





Sepúlveda. Vén y descúbrela
Sepúlveda. Hoces



El Parque Natural del Duratón


    Declaración de Parque Natural
    El Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, fue declarado por ley de las Cortes de Castilla y León en Junio de 1989 con la finalidad de "contribuir a la conservación de su gea, fauna, flora, aguas y, en definitiva, de sus ecosistemas naturales y valores paisajísticos..." (Artículo 1º-1).




    Descripción
    El eje del Parque Natural lo constituye un tramo del curso medio del Río Duratón, que discurre entre Sepúlveda y el embalse de Burgomillodo y comprende parte de los términos municipales de Carrascal de Río, Sebúlcor y Sepúlveda.
    Se encuentra situado al norte de Somosierra, en la zona oriental de la provincia de Segovia. En estas cumbres de Somosierra tiene el río sus fuentes, en las inmediaciones de Cebollera, Peña Casla y Colgadizos. Allí nacen el Duratón, el Caslilla, el arroyo Serrano y el río San Juan, que más tarde, aportarán sus aguas a los pies de Sepúlveda.
    Los paisajes que acompañan al Duratón son impresionantes desde su nacimiento. En el valle alto del río aparece ya la espectacular cascada de la Peña del Chorro y el mirador de Santo Tomé del Puerto. Parajes ocupados por acebos y enebrales de piedemonte, con nombres tan bellos como el de la “Acebeda de los cerros de Miramora”, que al inicio del invierno colorea esta parte de la sierra con sus frutos rojos. Sin dejar de lado otros espacios cubiertos de robledales, como los que crecen en medio de las cárcavas, allí donde vierte sus aguas el arroyo Serrano.
    Las hoces del Duratón se sitúan en el macizo de Sepúlveda, en el curso medio del río que, al transcurrir por la meseta caliza, erosionó el suelo en un lento proceso de karstificación.
    El profundo cañón del Duratón se formó por la acción del agua sobre las solubles rocas carbonatadas, calizas y dolomías que se originaron hace 140 millones de años, durante la era secundaria. La erosión y el paso del tiempo han creado ocres y rojizas paredes verticales de 70 y hasta 100 metros altura, entre las que transcurre encajonado el río, formando pronunciados meandros y curvas en ocasiones cercanas a los 260 grados de giro, o penínsulas que, desde tiempos remotos, han cobijado asentamientos humanos; al menos desde la Edad del Bronce, como prueban las estaciones de arte rupestre esquemático encontradas en las cuevas del cañón o las cerámicas negras descubiertas en la meseta.
    La estructura general de la zona está determinada por una cadena de pliegues en rodilla separados por suaves sinclinales cóncavos, cuyos estratos interiores son más modernos que los exteriores. En el suroeste del parque se encuentran arenas recientes de carácter eólico y morfología en dunas. Los escarpes de piedra caliza se encuentran repletos de cuevas y oquedades que sirven de nido a las aves que pueblan el cañón, entre ellas el buitre leonado, el águila real o el alimoche.
    La presencia de importantes colonias de estas aves y de la alondra de Dupont, la curruca rabilarga y la chova piquirroja propició que el parque fuera declarado Z.E.P.A. en octubre de 1990, en virtud de la Directiva 79/409/CEE.
    Algunas de las cuevas del cañón tienen pequeñas estalactitas y estalagmitas, y hay otras con dibujos prehistóricos que representan formas humanas y geométricas pintadas en rojo oscuro y negro. Quizá la más famosa de estas cuevas sea la de los “Siete Altares”, al lado del puente de la carretera de Villaseca, muy cerca de la confluencia de los ríos San Juan y Duratón.
    La cueva, de techo extremadamente ennegrecido, se interna hacia espacios que bien pudieron ser celdas para los eremitas que allí celebraron culto. Parece tratarse de una capilla rupestre de época visigoda, contemporánea por tanto del tiempo en que vivieron San Frutos y sus hermanos Valentín y Engracia.
    No hay mucha duda de que hubo en aquellos parajes una gran comunidad de anacoretas y monjes solitarios, como demuestran las cruces y rombos diseminados por otras oquedades cercanas, como las cuevas llamadas de Guarcimalo, el Cura y el Santero, esta última también con hornacinas excavadas en las paredes. A ella y a otras cuevas como las de los Eremitas, las Brujas, la Llave o Covasagra puede accederse desde la península donde se encuentra la ermita de San Frutos, bajando por la llamada Escalera del Diablo.
    La cueva más grande del cañón del Duratón se encuentra no lejos de la de los Siete Altares. Se trata de la Solapa de la Molinilla que, junto con la del Águila, tiene el mayor número de pinturas prehistóricas.
    Sólo a título de hipótesis puede datarse su antigüedad entre el cuarto milenio y finales del siglo I antes de Cristo. Sus motivos son soles y esquematizaciones de hombres, guerreros y ciervos junto a trazos y puntos aislados. Hasta 30 abrigos con pinturas se han descubierto en las cuevas situadas en las márgenes del río Duratón, una zona de gran importancia, aunque escasamente estudiada, del arte rupestre esquemático.
    Otras cuevas con pinturas y restos prehistóricos son las del Molino, cuyas primeras excavaciones se hicieron a comienzos del siglo XX. También las de la Nogaleda, Peña Higuera, del Cabrón, del Pez, los Angostillos y de la Huelga tienen pinturas prehistóricas, aunque quizá no tantas como las de la cueva de la Chita, donde aparecen varios hombres y jinetes luchando entre sí.
    El cañón del Duratón dispone de un gran número de grietas verticales, profundas y estrechas, junto a vaciamientos de pequeños afluentes y drenajes subterráneos que han dado origen a regueros y fuentes, algunas de notable caudal, casi en la base del cañón. Es el caso de Hontanilla y Fuencaliente.
    Las hoces del Duratón tienen una longitud de 27 kilómetros y una superficie de 5.037 hectáreas. Su territorio se extiende por los términos municipales de Sepúlveda, Sebúlcor y Carrascal del Río. En el interior del espacio natural se encuentran los núcleos de población del Villar de Sobrepeña y Villaseca, con una población de 132 habitantes.
    El río Duratón es el eje del parque, que comienza a las faldas de Sepúlveda y termina pasado ya el priorato de San Frutos, en el embalse de Burgomillodo. Luego el río continúa su curso en dirección a Carrascal del Río y Cobos de Fuentidueña, para fundir sus aguas con el Duero, después de 116 Km. una vez atravesada la villa de Peñafiel.
Sepúlveda. Vén y descúbrela
Lino blanco


Sepúlveda. Vén y descúbrela
Buitre leonado

    Vegetación
    En las 5.037 hectáreas de la extensión del Parque se encuentran cuatro zonas básicas, ocupadas, cada una de ellas por una vegetación distinta: el fondo del cañón, en el que se asientan los restos de un bosque de ribera (sauces, alisos, álamos, olmos, fresnos y matorrales como rosas, majuelos o zarzas) y choperas cultivadas; la zona alta o paramera, con sabinares y enebrales y dónde éstos faltan, tomillares, salviares o aulagares, los cortados, sobre los que medra una interesante vegetación rupícola y los arenales en los que hay grandes repoblaciones de pino resinero.

    Fauna
    En los cortados del río se encuentra una de las mayores colonias de cría en Europa de Buitre leonado.
    Águila real, Alimoche, Halcón peregrino, Cernícalo vulgar, Chova piquirroja
    o Grajillla son otras especies de aves que construyen sus nidos en los cantiles. En los distintos medios del Parque, y a lo largo del año se puede obdervar más de 130 especies de aves así como gran número de anfibios, reptiles y mamíferos, estos últimos difíciles de ver por ser de hábitos crepusculares o nocturnos. Entre los peces son muy abundantes carpas y barbos.
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2001.04 Sepúlveda. ©1996.SepDeCo,S.L.